Desarrollo prenatal y nacimiento.

Después del visionado de los vídeos realizamos en grupo unos resúmenes acerca de ellos, me pareció que aprendimos mucho más de esta manera, ya que cada uno aportaba su granito de arena, expresando su opinión sobre los vídeos, por lo que veíamos distintos puntos de vista, lo cual me pareció muy interesante. Después de realizar los resúmenes tuvimos que hacer cada grupo, dos o tres preguntas tipo test sobre ellos, para posteriormente realizar individualmente un examen con algunas de esas preguntas, lo que me pareció una buena idea para que la profe comprobara lo que habíamos aprendido.
Aquí dejo nuestro resumen:


RESUMEN GRUPAL: ETAPA PRENATAL Y RECIÉN NACIDO


La etapa prenatal tiene lugar desde la formación del cigoto hasta el parto. En ella podemos encontrar un gran número de hitos que marcan el desarrollo del bebé desde antes del nacimiento. Se ha de constatar que esta fase, prenatal, se divide en tres trimestres, por lo que comenzaremos a describir cada uno de ellos según sus hitos más importantes. En el primer trimestre, aparecen los indicios de los que serán los órganos receptores de los cinco sentidos, así como del cerebro, riñones, hígado y conducto digestivo. El sistema nervioso se va desarrollando por todo el cuerpo generando 9 neuronas/min. Además, los impulsos cerebrales ya coordinan la función del sistema de órganos y músculos, unido a un movimiento de diversas partes del cuerpo. Asimismo, el corazón late de manera rítmica. A todo ello, se le suman las primeras reacciones a la estimulación táctil a medida que se va desarrollando el sistema nervioso por todo el cuerpo. En el momento final de este trimestre ya es posible detectar el sexo del feto gracias a la diferenciación de los óranos sexuales. En el segundo trimestre, el SN funciona a pleno rendimiento y el cerebro controla los movimientos. Los músculos se flexionan y los huesos se endurecen. Ya se producen reflejos más enérgicos ante diversos estímulos, aparecen señales de personalidad (patrones de posturas favoritas en el útero) y comienza un desarrollo más potente del sistema respiratorio. Asimismo, el aparato digestivo del feto empieza a funcionar. Empieza a tragarse el líquido amniótico formando restos verdes en su intestino que lo orinará. Tiene lugar la aparición del primer vello. Además, el bebé ya tiene los ojos completos, puede oír y ha desarrollado los reflejos de prensión y patelar, por lo que va desarrollando la propiocepción (es consciente del espacio que le rodea para interaccional con él). En el tercer trimestre, el feto ya sería capaz de respirar y llorar por sí mismo. Es decir, aunque su desarrollo no ha finalizado por completo ya sería capaz de sobrevivir fuera del vientre. El sentido más desarrollado del feto es el oído. Las ondas sonoras viajan muy rápido por lo que penetran el líquido amniótico llegando al feto. Los primeros sonidos serán los del cuerpo de su madre relacionados con el paso de comida. El feto escuchará latidos de corazones o el ruido que hace él mismo. También puede escuchar sonidos del mundo exterior, como, por ejemplo, música. Pueden reaccionar a sonidos repentinos con el reflejo de protección estirando brazos y piernas. Además, desarrollará el reflejo labial de succión, haciendo que todo aquello del tamaño de un pezón que roce la boca del niño desencadene la succión. Al final de esta etapa, el feto ya está desarrollado por completo y, cuando está preparado se liberan hormonas (oxitocina y prostaglandinas) que provocan el parto. El parto, un proceso que se divide en diferentes fases: la dilatación del útero, que puede durar hasta 14 horas; la salida del bebé al exterior, que comienza una vez el cuello del útero se ha dilatado 10 cm y; la expulsión de la placenta, que da lugar al final del parto. Tras este acontecimiento, el bebé puede presentar una serie de condiciones como, por ejemplo, la coloración azul (color morado en manos y pies debido a la circulación sanguínea inmadura) o el hemangioma capilar (granitos en mejilla y frente).
Pasados diez minutos del nacimiento, los sentidos del bebé ya captan todo lo que les rodea. Comienzan a tener sensaciones y observar gestos. Asimismo, pronto serán capaces de responder e imitar, lo que le permitirá saber lo que siente un ser humano. Además, el impulso de aprender es inherente al bebé pues, existe una interacción entre él y el entorno que fomenta su desarrollo. Una evidencia de esto es que aprende a llorar para llamar la atención (apareciendo llantos diferenciados según la causa) y la necesidad de apego. A las tres semanas, los músculos más activos son los que controlan los ojos, aunque solo enfocan a menos de un metro y no pueden superponer imágenes (ven doble). En este momento el oído es prácticamente igual al adulto. No obstante, los cambios repentinos de volumen le asustan y, es necesario matizar que pueden reconocer la voz de su madre desde el tercer día y diferenciar un idioma de otro desde el cuarto. A las ocho semanas el bebé comienza a sonreír, al principio, simplemente como nuevo gesto, pero pronto lo irá asociando con algo bueno. En este momento las áreas cerebrales han cambiado: las imágenes siguen siendo borrosas, pero ya son tridimensionales. No solo le intriga dónde están las cosas sino qué son y cómo son. Es también capaz de reconocer una cara y su expresión al día siguiente de haberla visto. En los 12 meses, el cerebro crece más rápido que el resto del cuerpo, permitiendo hacer conexiones entre células como resultado de la experiencia. Además, el nivel REM de sueño permite a las células cerebrales establecer conexiones. A los 3 años de edad, el cerebro del bebé alcanzará el 80% del tamaño adulto, y a los 6 años tiene desarrollado aproximadamente un 90%. Pese a no estar del todo organizado, esto supone una gran ventaja porque la plasticidad le permitirá establecer numerosas conexiones neuronales. Durante todo el proceso, existen reflejos, respuestas innatas y automáticas que aparecen tras una forma particular de estimulación. Son patrones organizados de conductas y, en general, tienen un valor adaptativo. Algunos de estos reflejos son: el reflejo de prensión plantar y palmar, que se produce cuando un objeto entra en contacto con la palma de la mano o la planta del pie, y estas se contraen bruscamente; el reflejo de natación, sostenido horizontalmente sobre el estómago en el agua, hace movimientos sincronizados de brazos y piernas; el reflejo de Babinski, que al estimular la planta del pie, se produce la extensión de los dedos en abanico, considerándose normal hasta el año o dos de edad; o el reflejo de parpadeo (la luz fuerte sobre los ojos hace que se cierren los párpados) y el reflejo patelar (generado en la semana 11 de embarazo, y es un golpe debajo de la rótula provoca una extensión de la pierna hacia delante) que una vez desarrollados ya nunca desaparecen.

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